El consumidor actual está desconectado.

Tenemos un gusto constante por la novedad, un culto al desarrollo personal y al bienestar lo cual nos diferencia de sociedades pasadas. El consumidor moderno se caracteriza por haber dejado en segundo plano los símbolos materiales de estatus, en su lugar damos mayor importancia a las experiencias. Hemos dado un nuevo enfoque a la estrategia de la individualización, la experiencia es el nuevo lujo.

El consumidor actual está cada vez más y mejor informado pero también es frágil, confuso y disperso. La sociedad nos exige inmediatez, eficacia y ligereza, pero al mismo tiempo las personas necesitamos estabilidad y las ataduras que provienen de los lazos emocionales. Bien parece que estamos creando  estrategias de comunicación que no están a acorde a la naturaleza humana. El afecto instantáneo de un “LIKE” está multiplicando nuestras diferencias individuales haciéndonos perder el sentido de continuidad histórica, de esta forma cada nueva generación enfrenta el presente y mira al futuro sin aprender nada del pasado. Paradójicamente, en la era de la hiperconectividad, vivimos desconectados de las cosas importantes, con valores incompatibles y por esa razón estamos constantemente en contradicción.

Nuestra sociedad está gobernada por el valor de lo efímero, nada está hecho para durar; ni las cosas, ni las ideas, ni los sentimientos. Es verdad que debemos mantener activo y palpitante el pulso comercial pero no a merced de nuestra identidad colectiva.

Hoy en día todo está a un click de distancia. Esa sensación de poder tenerlo todo en cualquier momento y lugar nos lleva a infravalorar la importancia de tener gustos bien definidos y una personalidad basada en ideales trascendentes, parecería que la norma es ser un navegante de tendencias sin llegar a puerto seguro jamás.  La cultura moderna nos obliga a ser rentables y creativos como medidas de valoración social en las redes digitales y la competencia por destacarnos propicia que los estímulos audio visuales vayan subiendo de tono a niveles nunca antes vistos, como resultado tenemos un consumidor saturado de comunicación banal y con déficit de atención.

Por esta razón las técnicas de Storytelling se vuelven más y más importantes en nuestros días, es necesario el relato narrativo para darle sentido a los significantes vacíos que nos rodean permanentemente. Al consumidor hay que contarle historias, hay entretenerlo para alejarlo de la realidad y así lograr que este predispuesto a comprar y consumir.

El entretenimiento es también uno de los pilares de la comunicación mediática. Los medios de comunicación son máquinas de entretenimiento narrativo, más que de información. En los noticieros, los peores vicios de la sociedad son contados en capítulos de dos o tres días de duración, creando héroes y villanos como si fueran miniseries de final ambiguo. Es la sociedad del entretenimiento.

En la sociedad del entretenimiento la lógica reinante es la lógica de la moda. Sabemos que todo va a cambiar, sabemos que lo que es popular hoy mañana no lo será, sabemos que debemos desechar todo sin importar su funcionalidad o vida útil, simplemente porque mañana saldrá algo “mejor” y así compramos cosas que no necesitamos para satisfacer necesidades que no tenemos. Debemos entonar el mea culpa –  debemos mantener las maquinas encendidas y a las personas consumiendo.

Hemos pasado con una facilidad impresionante del “querer ser” al “querer parecer”. La esencia es irrelevante, valoramos solo la apariencia y si puede virilizarse mejor. Esta necesidad social de multiplicar experiencias personales esta afectando la privacidad debido a la necesidad de ser expuesto constantemente, como testigo de compra, lujo o estatus. Es un lujo emocional psicologicazado.

Ante lo expuesto podemos entender la tarea del Marketing moderno desde dos perspectivas; una que refuerce la confusión y contradicción de los consumidores con el objetivo de persuadirlos y llenarlos de valores efímeros, y la otra;  el Marketing es una fuerza social poderosa de carácter progresista que invita al consumo reflexivo, exponiendo motivadores de compra éticamente aceptables y que armoniza con las más altas aspiraciones humanas.  

El marketing puede y debe guiar a las personas para ayudarlos a resolver problemas y no crear más de estos.

Las grandes marcas, las Lovemarks, logran ser grandes porque planifican sus estrategias contemplando comunicación de valores inalienables, inmutables, trascendentes, valores con los que podemos identificarnos en varias etapas de nuestras vidas. Más allá de la comunicación publicitaria estos valores viven en sus políticas de gestión, servicio y trabajo social. Por eso nos identificamos con ellas a nivel consciente y subconsciente, y llevamos décadas haciéndolo.

El consumidor esta desconectado porque le ofrecemos comunicación intrascendente, que no le habla de forma empática y sincera, por que nuestras estrategias no muestran el verdadero valor de nuestra oferta. La mejor inversión que puede hacer en su negocio es invertir en su marca y dotarla de una personalidad sincera y respetuosa, con la que sus clientes se puedan identificar, esta es la mejor forma de motivar a la compra de corto y largo plazo. Ese es el trabajo de las grandes marcas.

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